lunes, 12 de junio de 2017

AMANCIO   ORTEGA   Y   LA   #SANIDAD   PÚBLICA

Desde las asociaciones de defensa de la sanidad pública, se ha criticado, hasta incluso proponer su rechazo, la donación de más de 300 millones de euros de Amancio Ortega para financiar inversiones en equipamientos en el área de oncología de las distintas Comunidades Autónomas.

Pero desde esa misma posición, se puede aceptar la decisión del dueño de Zara sin caer en la incoherencia respecto a la defensa del sistema público de salud. Esto es lo que me propongo en este breve artículo.

El área de salud es quizá el único de la política pública que está sometido a una presión insoportable debido al aumento exponencial del gasto. Y esto se debe al inexorable avance de la investigación médica y farmacéutica, a la necesidad imperiosa de incorporar los nuevos hallazgos científicos y tecnológicos, y al creciente aumento de la esperanza de vida de una población que requiere más y mejores atenciones en las etapas finales de su existencia.

Mientras que una reducción del gasto público en infraestructuras o en educación conlleva efectos que se perciben a medio o largo plazo, los recortes en sanidad tienen efectos inmediatos, que son percibidos de manera clara por la población, y que provocan reacciones críticas e incluso indignadas contra los responsables políticos. Es por ello que el de la salud es un área de la política pública de las consideradas “calientes”, siendo proclive a convertirse en un terreno de confrontación política.

Sin embargo, los recursos públicos son limitados, y ningún país, por muy boyante que sea su economía, puede atender de manera adecuada las demandas crecientes del sistema público de salud, debido precisamente, como he señalado, al incremento exponencial del gasto en este área. Por eso, los poderes públicos buscan fórmulas diversas para hacer frente a esta realidad, y evitar el deterioro de la calidad de los servicios sanitarios.

Desde la privatización pura y dura de determinados servicios, hasta la firma de convenios con entidades privadas para sacar del ámbito de los hospitales públicos determinadas prestaciones, pasando por la redefinición de la cartera de servicios básicos o por el copago sanitario y/o farmacéutico, los gobiernos buscan salidas al colapso que puede producirse cuando las cuentas del sistema público de salud no puede cubrirse con los ingresos fiscales. 

El mayor o menor énfasis en una u otra de esas fórmulas depende, sin duda, de la ideología del partido que gobierna. Sin embargo, cada vez más se observan convergencias en las políticas sanitarias de los distintos partidos, y apenas pueden observarse grandes diferencias entre ellos cuando asumen responsabilidades de gobierno. Por ejemplo, conciertos con entidades privadas existen en Comunidades Autónomas donde gobierna el PP, pero también donde gobierna el PSOE. Lo mismo cabe decir del copago o de la redefinición de la cartera de servicios básicos.

A diferencia de otros países, en España no se ha desarrollado suficientemente la cultura del mecenazgo, por lo que aún tiene que estar mejor regulada. Sólo algunas fundaciones de entidades financieras (como Caixabank, el BBVA o el Banco de Santander) o aseguradoras (como la Fundación MAPFRE), tienen programas de mecenazgo en el ámbito de la cultura o de la política social, o en la financiación de algunas becas o proyectos de investigación científica.

No es frecuente en nuestro país que particulares intervengan en el área del mecenazgo, lo que explica el impacto mediático que ha tenido la decisión de Amancio Ortega de donar una cantidad considerable a la adquisición de material y equipo en los servicios públicos de oncología. Lo que en otros países es habitual (pensemos en la labor de mecenazgo de la Fundación Bill y Melinda Gates), en España resulta tan extraño, que se duda de las buenas intenciones de unas donaciones a las que se les califica de “filantropía barata” o de las que se sospecha oscuros fines de lavado de imagen o de evasión fiscal.

Eso está ocurriendo con la donación del dueño de ZARA, que, junto a los que la elogian y agradecen, se encuentran los que la rechazan. El rechazo se basa en dos argumentos: uno, que lo que deben hacer los empresarios y propietarios de grandes fortunas como Amancio Ortega es pagar más impuestos y ofrecer a sus trabajadores unas condiciones laborales dignas; y otro, que el sistema público de salud no debe abrir la puerta a esas donaciones, sino recibir una adecuada financiación por parte de los poderes públicos. La controversia ha llegado incluso al ámbito de la política, hasta el punto de que algunos partidos (como Unidos Podemos de Navarra) se han manifestado en contra de aceptar la donación de Ortega.

Creo que el debate está errado. Como he afirmado al principio, el sistema público de salud necesita fuentes diversas de financiación si queremos que mantenga el alto nivel que ha alcanzado en nuestro país. Todos los españoles nos sentimos orgullosos de nuestro sistema público de salud, especialmente cuando se pasa por la experiencia de ser usuarios directos del mismo o de haber acompañado a algún familiar en situación de enfermedad grave. Sin embargo, somos conscientes de que es una joya frágil, que puede deteriorarse si no se le presta la debida atención y se le dedica los recursos necesarios.

Y para eso hay que explorar todas las fuentes posibles de financiación para que funcione prestando unos servicios de calidad. Para un enfermo de cáncer poco le importa si el servicio que recibe es público o privado, o si los recursos que financian los costosos equipos médicos proceden de la donación de un particular. Lo que le interesa es que el derecho a la sanidad sea un derecho de ciudadanía protegido por los poderes públicos, y que el servicio que reciba sea de calidad.

Bienvenida sea la donación de Amancio Ortega, y ojalá eso anime a otras personas a practicar el mecenazgo, y no sólo en el ámbito sanitario, sino en otras áreas.

No mezclemos churras con merinas. Es evidente que, como cualquier ciudadano, los empresarios deben pagar los impuestos que les corresponden y deben tratar a sus trabajadores de acuerdo con la normativa laboral vigente, y si no lo hacen, que caiga el peso de la ley sobre ellos.

Los gobiernos deben dedicar los recursos que sean necesarios para financiar unas políticas públicas a tono con el nivel de nuestra economía y con la riqueza que se genera en nuestro país, debiendo aplicar la política fiscal más conveniente (aún estamos varios puntos por debajo en presión fiscal respecto de la media de la UE-15).

Pero eso no impide reconocer que los recursos públicos son limitados, y que se deben diversificar las fuentes de financiación si queremos mantener un sistema de bienestar como el alcanzado en estos cuarenta años de democracia que acabamos de cumplir.

18 comentarios:

  1. http://iniciativadebate.net/2017/06/10/por-que-rechazar-la-caridad-de-amancio-ortega-te-lo-explica-la-radiologa-portavoz-de-fadsp/

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  2. Gracias Rafael por la sugerencia, pero lo había leído antes de escribir mi artículo. Desde una posición de defensa de la sanidad pública, como es la mía, se puede estar de acuerdo con el mecenazgo.

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  3. Eduardo, me ha gustado tu reflexión sobre el mecenazgo; no entiendo por qué ha habido esta reacción tan pudorosa con esta donación. Quizás sea por la publicidad que ha tenido, en lugar de hacerlo de manera más callada y discreta. Personalmente creo que estos donativos nunca pueden suplir el papel y obligación que tiene el Estado para con la Seguridad Social y tampoco con la Cultura. Gracias por compartir

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    1. Gracias Ana. De acuerdo con tu opinión de que la filantropía no puede sustituir a la justicia distributiva, ni a las obligaciones fiscales y a las políticas públicas. La tesis central de mi artículo no es la donación de Amancio Ortega, sino la sostenibilidad del sistema público de saludos ante un incremento exponencial del gasto sanitario y farmacéutico. O buscamos fuentes diversas de financiación o se irá deteriorando.

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  4. Muy claras y sensatas las reflexiones que haces en tu artículo y que comparto en su totalidad. Yo añadiría que si aplicáramos el sentido común este debate no se habría producido. En esta cuestión y en todas, por favor, un poco de SENTIDO COMÚN.

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  5. La sanidad, hasta la creación de la Seguridad Social, básicamente siempre fue un servicio de BENEFICENCIA. Y la beneficencia no era precisamente la justicia social. Ahora que están en el alero los Presupuestos Nacionales 2017, convendría ver el Presupuesto de la Seguridad Social (148.997 millones de euros). De cuotas o "cotizaciones sociales"- ojo, ¡que no son IMPUESTOS!- se estima ingresar para 2017 110.560 millones de euros.
    Para Pensiones, incluidas las no contributivas, se prevé gastar 123.623 millones. Incluyen la gestión (gastos de personal, seguros, agua, luz, informática, etc.) que la paga la SS, Y NO EL ESTADO.
    También incluye el Presupuesto de la SS la financiación de la asistencia sanitaria derivada de 'contingencias profesionales' y la Incapacidad Transitoria que provienen de las primas de accidente de trabajo y enfermedades profesionales, es decir, de cuotas a la SS. Se presta ese servicio público de salud con cargo a la entidad gestora (INSS o ISM) y por las mutuas o empresas colaboradoras. Y ahí, para 2017 se presupuesta que la SS aportará 13.150 millones a las Mutuas (p. ej.: sólo FREMAP se estima reciba 3.460 millones, y ASEPEYO otros 2.261 millones).

    Sin embargo, y aun cuando la mayoría de los Hospitales -cerca del 70% de las camas hospitalarias- son propiedad de la Tesorería General de la SS, la "Sanidad" y la asistencia pro Salud se han ido desviando hacia las "iniciativas privadas". Así la 'Sanidad', que estuvo durante muchos años sufragada por la SS, no se ha desligado del todo de sus Presupuestos. Mientras se sigue fundiendo la SS y ese su Patrimonio (de los trabajadores, y sólo de los trabajadores) EL ESTADO y la Sanidad que se suponen DE TODOS no llegan con su 'generosidad' a cubrir los gastos, ni de uno ni de otra.
    Porque todavía sólo los trabajadores pagan - además de sus IMPUESTOS: IVA, IRPF, Tabaco, etc. - las cuotas de la Seguridad Social.

    ¿Qué habrá de malo en que otros generosos regalen dinero a la sociedad? Si el sr. A. Ortega no hubiera sido "trabajador o autónomo" no habría pagado a la Seguridad Social, como no la pagan quienes han vivido de sus rentas o acciones de sociedades o bancos sin trabajar, pero sí podría llegar a cobrar una "pensión no contributiva". Sí así fuere, cabría pensar que aporta parte de lo que no había aportado vía "cuotas sociales". Tampoco estaría mal ni sería criticable.

    Los bienes de la SS (como esos hospitales) alguien los pagó/regaló/regalamos antes. Gracias a aquellos (y nosotros) lo disfrutan/disfrutamos TODOS. Pero nunca faltarán, para nuestra desgracia, quienes descalifican o amenazan a los 'paganos'. Unos despreciando o minusvalorando las aportaciones/regalos a la SS y a la Sanidad. Otros, más recientemente, propalando la MENTIRA de que "las PENSIONES LAS PAGA el ESTADO".

    Quizá se hayan dejado muchas atribuciones a personas, partidos políticos, sindicatos y empresas que se fueron apropiando de bienes, bienes que nunca fueron "mostrencos".
    Analizando el Presupuesto y su evolución, surge dolorosa la sospecha sobre algunos "criticones" como los que atacan a Ortega: ¿Defienden de verdad a la sociedad y a los TRABAJADORES?

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    1. Gracias Fernando por tus siempre sesudos comentarios.

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  6. No cabe en efecto mezclar y/o confundir las cosas mezclando el incremento progresivo de impuestos con las donaciones, máxime en la sanidad cuyo presupuesto anual resulta incalculable, por lo que incluso se recurre al "copago" también como disuasión del antiguo desbarajuste en los medicamentos.En esa línea cabe meter también las Ayudas a la Iglesia o Cáritas en la Declaración de la Renta.Sí debieran interpretar los Gobernantes abordar de una vez abordar una CULTURA POLÍTICA en todo el proceso educativo y las humanidades porque este mismo hecho demuestra esa laguna y la amargura de falta e incluso ilicitud deciertas mediadas políticas

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    1. Muy oportunos tus comentarios Angel, ampliando el debate al área de la educación y la cultura.

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  7. Siendo evidente que, como cualquier ciudadano, los empresarios deben pagar los impuestos que les corresponden y deben tratar a sus trabajadores de acuerdo con la normativa laboral vigente, es también evidente que la reforma laboral del PP favorece "despropósitos" respecto al trato que reciben (en todos los sentido y especialmente económicos y sociales) los y las trabajadoras, que el Sr, Ortega puede libremente corregir "hacia situaciones de mejora" en sus empresas. Y "propósitos" como el poder donar esa tremenda cantidad de dinero.
    En otro sentido decir que, uno de los grandes problemas de la sanidad pública es el gasto que en farmacia y en tratamientos "técnicos" no farmacéuticos tiene, siendo dudosa su utilidad ya que muchos de ellos (no necesariamente los tratamientos "nuevos" actuales o las nuevas tecnologías son mejores que las que ya tenemos, me atrevería a decir que incluso la mayoría son peores) no pasarían el más mínimo análisis de un estudio independiente, y que propiciados por la tremenda presión de las farmacéuticas, así como por persistir dentro de nuestro ideario colectivo el principio de beneficiencia, que todavía perdura y de que manera, por el principio de no maleficencia o principio hipocratico "primun non nocere". O dicho de otra manera, soportamos un gasto innecesario en sanidad fruto de innumerables errores de gestión para lo que os recomiendo leer dos libros que me parecen fundamentales: "Mala farma" de Ben Goldacre de editorial Paidós y "Medicamentos que matan y crimen organizado" de Peter C. Gotzsche de editorial Los libros del lince. Como alguien ha dicho recientemente, "la sanidad no puede depender de la ropa que venda un señor". Un saludo

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    1. Gracias Luciano por tus atinados comentarios. La frase a la que aludes es de Fernández Vara, y me pareció cuando la escuché una obviedad, además de oportunista. De lo que hay que debatir en el ámbito de la izquierda es sobre la sostenibilidad de nuestro sistema público de salud, que, por mucho control y racionalidad que introdujamos en él, aumenta exponencialmente su gasto, mientras que los recursos públicos son siempre limitados. Claro que hay que luchar contra el fraude fiscal y elevar la presión fiscal para situarnos en el entorno de la media europea, pero eso tiene resultados a medio y largo plazo, no a corto plazo.

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  8. Los más de 300 millones que se donan no son en metálico sino en máquinas para la detección y el diagnóstico, exclusivamente. Las preguntas a las que responder serían: ¿Son necesarias? ¿hay dotación presupuestaria para su atención y mantenimiento? ¿Tenemos personal suficiente? ¿Hay mejores utilidades en las que emplear esa enorme cantidad de dinero, asistencia primaria por ejemplo, que en máquinas que ya se tienen? En fin...

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  9. Me parece pertinente tu comentario. Ante una donación finalista, siempre cabe responder diciendo que no es necesaria para esa determinada finalidad y que hay otras áreas con mayores necesidades. Se le puede hacer ver al donante que hay otras necesidades. No obstante, si yo fuera el donante, me gustaría que mi donación fuera finalista, y no dejarla en manos de unos gestores sin controlar el destino de mi dinero.

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  10. Tu reflexión prueba tu sentido común y moderación. Creo que hay demasiados envidiosos del triunfo ajeno a los que molesta que los ricos tengan compasión y compartan parte de su riqueza...la que seguramente sería muy dificil obtener mediante impuestos en España. Reconozco que tu opinión y algunas otras me ha llevado a ver bien este tipo de contribuciones atípicas al Sistema Público de Salud.

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  11. Gracias Juan María. Sólo pretendo zarandear algo a la izquierda e introducir algo de sentido común en los debates.

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  12. Totalmente de acuerdo con el artículo. "No hay que mezclar churras con merinas". A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César trasladándolo al contexto.

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  13. Respuestas
    1. Creo que es muy loable, honrosa y necesaria la ayuda de Amancio Ortega a nuestra empobrecida sanidad públia y pienso debe ser bienvenida por necesaria y legal que creo es. Debemos de dejarnos de quijotadas y aceptar lo que es útil y necesario para el bien de nuestra empobrecida, pero afortunadamente avanzada sanidad pública. Gracias Eduardo, con tus trabajos nos informas sobre los grandes problemas que afectan a este tan nuestro querido país. Amalia Almagro.

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